Abrir menú
Cuentos

Las gachas dulces

Una abuelita regala a una niña una olla mágica, pero la mamá olvida la palabra para pararla y las gachas inundan toda la ciudad.

  • Un cuento tranquilo
Para las familias

Había una vez, en una ciudad pequeña, una niña que vivía con su mamá. Eran pobres: a veces, para cenar, no tenían ni una corteza de pan.

Una mañana, la niña fue al bosque a recoger bayas. Y de pronto ve, sentada en un tocón, a una abuelita pequeñita y encorvada, con un pañuelo calentito en la cabeza.

—¿Por qué estás tan triste, pequeña? —le pregunta.

—Tenemos hambre —suspiró la niña—. Mi mamá y yo.

La abuelita sonrió y le dio una olla. Era de barro y redonda, con una florecita azul en un costado.

—Esta no es una olla cualquiera. Si le dices: «¡Ollita, cuece!», te preparará unas gachas dulces. Y si le dices: «¡Ollita, para!», dejará de cocer. ¿Te acordarás?

—¡Me acordaré! —asintió la niña.

Le dio las gracias y salió disparada hacia casa, tan deprisa que parecía que volaba.

En casa, puso la olla sobre la mesa.

—¡Ollita, cuece!

Blup, blup, blup, blup... y la olla ya estaba llena de gachas. Amarillas, calentitas, dulces, y encima olían a miel.

—¡Ollita, para!

Y la olla se quedó quieta y calladita.

La mamá dio una palmada de alegría. Se sentaron a la mesa y comieron hasta quedar bien llenas. Desde entonces, todos los días tuvieron gachas para comer.

Un día, la niña se fue de visita a casa de su tía. La mamá se quedó en casa y le entró hambre.

—¡Ollita, cuece! —dijo.

Blup, blup... y enseguida un cuenco lleno de gachas. La mamá come y dice: «¡Qué ricas!». Hasta que queda bien llena.

—Bueno, ya está bien —dice.

Pero la olla sigue cociendo.

—¡Basta, te digo!

Pero la olla sigue cociendo.

—¡Detente, por favor!

Pero la olla cuece y cuece. ¡La mamá había olvidado la palabra mágica!

Las gachas se desbordaron, corrieron por la mesa y cayeron al suelo. ¡Plof, plof! Ya están en la entrada, ya en el porche, ya en la calle.

Y la olla cuece y cuece.

Las gachas avanzan despacito hasta la casa de los vecinos. Pasan por delante de la panadería, por delante del pozo, y llegan a la plaza. Los gatos suben de un salto a las vallas: ¡hop, hop! Los gansos vuelan al tejado: ¡ga, ga, ga! La gente mira y dice: «¡Qué cosa tan rara!», y nadie sabe qué hacer.

—¡Ay, madre mía! —se lamenta la mamá—. ¿Cómo te paro?

Y la olla cuece y cuece. Ya está toda la calle llena de gachas, ya toda la ciudad. Solo quedó seca una casita.

Justo entonces, la pequeña vuelve a casa. Ve un río amarillo y dulce que corre por la calle. Enseguida lo entendió todo.

—¡Ollita, para! —gritó con su vocecita clara.

Y la olla... ¡stop! Se quedó quieta, como si la cosa no fuera con ella.

La mamá abrazó a su hija muy, muy fuerte.

—¡Ay, qué lista es mi niña!

Y la gente de la ciudad se reía. Quien quería pasar por la calle tenía que abrirse camino comiendo con una cuchara. ¡Ñam, ñam, ñam, ñam! Nadie se enfadaba: al fin y al cabo, las gachas estaban dulces. Y los que más se divertían eran los niños.

Por la noche, mamá e hija lavaron la olla y la pusieron en el estante.

—Mañana te recuerdo la palabra —susurró la niña.

—Sí, recuérdamela —se rio la mamá.

Se metieron en la cama calentita, llenas y felices. La mamá arropó a su hija con la manta y le dio un beso en la naricita. Y las dos se quedaron dormidas. Y en el estante, muy quietecita, dormía también la olla mágica.

¿Te ha gustado el cuento?

Adaptado de: Hermanos Grimm, 1815

Para las familias

De qué trata

Una abuelita bondadosa regala a una niña pobre una olla mágica que cuece gachas dulces. Pero un día la mamá olvida cómo pararla, y las gachas inundan las calles de la ciudad. A los más pequeños les encanta la repetición «y la olla cuece y cuece» y los sonidos divertidos.

Qué enseña

  • Familia
  • Bondad
  • Responsabilidad

Preguntas para hablar con tu peque

  • ¿Cuáles eran las dos frases mágicas que había que decirle a la olla?
  • ¿Qué hizo la niña cuando vio que la ciudad estaba inundada de gachas?
  • Y tú, ¿qué cocinarías en una olla mágica como esta?

En casa

Juega a la «olla mágica»: tu hijo o hija «cuece» dando palmadas hasta que digas la palabra acordada: «¡Para!». Después, cambiad los papeles.

Una frase para recordar

«Nadie se enfadaba: al fin y al cabo, las gachas estaban dulces.»

Este cuento en otros idiomas

Muy pronto: escribes un nombre y recibes un cuento sobre tu hijo. Haz clic si lo estás esperando.

Ya estás en la lista de espera

También te puede gustar

  • La princesa está sentada en lo alto de una montaña de colchones y no puede dormir.

    La princesa y el guisante

    Un príncipe buscó por todo el mundo a una princesa de verdad, y quien la reconoció fue la vieja reina, con la ayuda de un solo guisante.

    2–5 años3 min de lecturaMagia

  • La abuela llama con los nudillos al baúl pintado y cerrado, Mirko espera impaciente a su lado y tras la cortina asoma la cola de un gato naranja.

    El baúl de la abuela: el Didukh

    En Nochebuena Mirko encuentra en el baúl de la abuela un viejo didukh, oye cómo bailaba y estornudaba antaño, y ata uno nuevo con ella.

    6–8 años7 min de lecturaInvierno

  • El erizo Timko, con su bufanda roja, dibuja en la mesa una carta a San Nicolás; a su lado, en el suelo, está sentada su hermanita Lili, y mamá y papá sonríen.

    Timko y la carta a San Nicolás

    Antes de dormirse todo el invierno, el erizo Timko dibuja una carta a San Nicolás y pide un regalo no para él, sino para su hermanita Lili.

    2–5 años4 min de lecturaInvierno

  • El muñeco de madera Pinocho, con su nariz larga, camina por un camino rural al anochecer

    Pinocho

    El muñeco de madera Pinocho se escapa de casa, miente y se mete en problemas, y para salvar a su padre tiene que volverse honrado y trabajador.

    9–12 años14 min de lecturaMagia

  • La hija del molinero está sentada en un cuartito lleno de paja, mientras un hombrecillo con gorro rojo hila en la rueca un hilo de oro.

    Rumpelstiltskin

    Un molinero presumió de que su hija hilaba oro con paja, y ahora solo puede salvarla una cosa: el extraño nombre de un hombrecillo.

    6–8 años6 min de lecturaMagia

  • El viejo trenza un torito de paja y la vieja le unta el costado con brea

    El torito de paja

    El viejo trenzó para la vieja un torito de paja y le untó el costado de brea, y al costado pegajoso se fueron pegando el oso, el lobo, la zorra y la liebre.

    2–5 años3 min de lecturaAnimales