Abrir menú
Cuentos

Timko va a la guardería

El erizo Timko va por primera vez a la guardería Bellota: por la mañana está triste, pero mamá promete volver después de comer y de la siesta.

Serie «Timko» · cuento 2 de 9

  • Un poco triste
Para las familias

Aquella mañana la mamá de Timko se despertó antes que nadie y metió una tarta de manzana en el horno.

—Voy a hornear una tarta, por si acaso —dijo. Porque hoy Timko iba por primera vez a la guardería.

Timko se anudó su bufanda roja y se puso a la espalda una mochilita nueva. En la mochilita había una manzanita, unas nueces y un trozo de la tarta de mamá.

La guardería Bellota estaba en un claro soleado. Allí chillaban, reían y correteaban los pequeños. Timko se detuvo y resopló por su naricita.

—Inspiro, espiro… ¡y adelante! —susurró.

Pero los piececitos no querían andar. Timko se agarró al delantal de mamá y de sus ojitos rodaron, plin, plin, las lágrimas.

Les salió al encuentro una liebre alta, gris plateada, con una rebeca morada. Se agachó junto a Timko y sus largas orejas se inclinaron hasta su naricita.

—Soy la seño Liebre —dijo en voz baja—. Veo que estás triste. Se puede estar triste.

Mamá abrazó a Timko muy, muy fuerte.

—Ahora me voy, Timko. Y vendré a buscarte después de comer y de la siesta. Comes, duermes un ratito… y aquí estoy.

—Después de comer y de la siesta —repitió Timko, y sorbió por la nariz.

Mamá le dijo adiós con la mano desde la verja, y Timko le dijo adiós también. Estaba triste. Pero sabía cuándo vendría mamá.

De pronto, a su lado, ¡zas!, pasó corriendo un zorrito pelirrojo con una camiseta de rayas.

—¡Yo primero! —gritó, y pegó la nariz a la ventanita.

—Es Canelo —sonrió la seño Liebre—. Siempre es el primero en correr a la ventanita.

Y debajo del banco estaba sentada una ratoncita gris diminuta, con una margarita detrás de la oreja. Timko la reconoció: ¡era la misma ratoncita a la que una vez acompañó con su farolillo hasta su madriguera!

—¡Miga! ¿Tienes miedo? —preguntó Timko.

—Solo un poquitito —dijo la ratoncita con sinceridad.

—Yo también —suspiró Timko. Y a los dos se les aligeró un poco el corazón.

Construyeron una casita con piñas y modelaron pastelitos de arena. Y Canelo, cada dos por tres, gritaba «¡Yo primero!» y volvía corriendo a la ventanita.

—Clap, clap, ¿estamos todos? —aplaudió con las patas la seño Liebre—. ¡Es hora de comer!

De comer había manzanitas asadas y nueces. Timko sacó la tarta de mamá y la repartió entre tres: para él, para Miga y para Canelo.

Luego llegó la hora de la siesta. Los pequeños se acostaron en sus camitas. Solo una camita quedó vacía. Canelo otra vez estaba junto a la ventanita. Muy quieto. Y sorbiendo por la nariz.

—¿Qué te pasa? —se acercó Timko.

—Estoy esperando a mi mamá —susurró Canelo—. Quiero ser el primero en verla.

¡Así que por eso corría tanto a la ventanita! Canelo también estaba triste, pero no se lo había dicho a nadie.

La seño Liebre oyó ese sorber de nariz con sus largas orejas. Pero Timko se le adelantó.

—Las mamás vienen después de comer y de la siesta —dijo, igualito que su mamá—. La comida ya pasó. Solo falta la siesta.

Canelo lo pensó. Se limpió la nariz. Y se acostó en la camita junto a Timko.

—¡Yo me duermo primero! —susurró.

Y, en efecto, se durmió el primero.

Los pequeños despertaron, y al otro lado de la ventanita ya estaban las mamás. Canelo dio un brinco:

—¡Yo las vi primero!

Y la mamá de Timko estaba junto a la verja justo cuando lo había dicho: después de comer y de la siesta. Timko corrió hacia ella, y la mochilita le saltaba en la espalda: ¡plin, plin!

Por la noche, papá puso a Timko de espaldas a la tablilla del marco de la puerta de la cocina.

—¿Dónde está mi lápiz? —murmuró papá.

—¡Detrás de la oreja! —rio Timko.

Papá trazó una rayita y dibujó junto a ella una mochilita diminuta. La pequeña Lili soltó un chillidito en brazos de mamá, como si ella también quisiera una mochilita.

—¿Y mañana irás a la guardería? —preguntó mamá.

—Iré —asintió Timko—. Canelo sin mí no sabe cuándo vienen las mamás.

¿Te ha gustado el cuento?

Un cuento original escrito para esta web.

Para las familias

De qué trata

Un cuento para el pequeño que pronto irá a la guardería. Mamá se despide abiertamente y dice cuándo volverá, y aquí se permiten las lágrimas del principio. A los niños les encanta repetir el «¡Yo primero!» de Canelo y el «Solo un poquitito» de Miga, y aplaudir con la seño Liebre.

Qué enseña

  • Valentía
  • Amistad

Preguntas para hablar con tu peque

  • ¿Cuándo prometió mamá ir a buscar a Timko y vino justo entonces?
  • ¿Por qué Canelo corría todo el rato a la ventanita?
  • ¿Y tú, a veces te pones triste cuando se va mamá? ¿Qué te ayuda?

En casa

Poned en fila una cuchara, una almohada y vuestra palma, y recorredlas juntos con el dedito: «Comida, siesta… ¡y mamá aquí!». Repetid este juego por la mañana antes de la guardería y por la noche comprobad: ¿fue así?

Una frase para recordar

«Veo que estás triste. Se puede estar triste.»

Este cuento en otros idiomas

Muy pronto: escribes un nombre y recibes un cuento sobre tu hijo. Haz clic si lo estás esperando.

Ya estás en la lista de espera

También te puede gustar

  • La abubilla Dana, con un morral azul, está tímidamente junto a la escuela del bosque bajo el arce, y cerca la mira el erizo Timko con su bufanda roja.

    La nueva

    La abubilla Dana llega del sur como la nueva de la escuela del bosque, pero en otoño debe partir. ¿Esperará su amistad con Timko hasta la primavera?

    9–12 años13 min de lecturaGrandes momentos

  • El erizo Timko, con su bufanda roja, se asoma a la cuna de su hermanita recién nacida y rosadita, mientras mamá y papá sonríen detrás.

    Timko y la más pequeña

    A Timko le nace una hermanita, Lili, y quiere que mamá sea solo suya. Pero de pronto resulta que Lili ya conoce a su hermano.

    2–5 años3 min de lecturaGrandes momentos

  • El erizo Timko con su bufanda roja en la orilla del arroyo, y el zorrito Canelo y la nutria Chapu tiran de él cada uno hacia su lado.

    Timko y los amigos enfadados

    Canelo visita a Timko y los amigos compiten por ser su mejor amigo, hasta que Timko le dice a Chapu unas palabras que ya no se pueden retirar.

    6–8 años8 min de lecturaGrandes momentos

  • El erizo Timko, con su bufanda roja, se asoma de puntillas a un orinal grande de madera; a su lado está su orinal pequeño y rojo.

    Timko y el orinal grande

    El erizo Timko ya usa su orinal pequeño, pero al grande, como el de mamá y papá, le tiene miedo, hasta que papá saca una cuerdecita.

    2–5 años3 min de lecturaGrandes momentos

  • El erizo Timko, con su bufandita roja, camina con mamá por un sendero del bosque hacia el hospital de un viejo tocón.

    Timko va al médico

    El erizo Timko asusta a su hermanita Lili con cuentos de miedo sobre el médico, y luego va él mismo a la revisión y a la vacuna con el doctor Castor.

    2–5 años4 min de lecturaGrandes momentos

  • El erizo Timko, con su bufanda roja, dibuja en la mesa una carta a San Nicolás; a su lado, en el suelo, está sentada su hermanita Lili, y mamá y papá sonríen.

    Timko y la carta a San Nicolás

    Antes de dormirse todo el invierno, el erizo Timko dibuja una carta a San Nicolás y pide un regalo no para él, sino para su hermanita Lili.

    2–5 años4 min de lecturaInvierno