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Cuentos

El Gatito y el Gallito

El Gatito va a por leña y le pide al Gallito que no se asome a la ventana, pero la zorrita canta tan dulce que el Gallito no aguanta.

  • Un poco de miedo
  • Peligroso
Para las familias

Vivían en una casita del bosque el Gatito y el Gallito. El Gatito iba a por leña, y el Gallito se quedaba en casa: barría el suelo, cocía las gachas y cantaba «¡Quiquiriquí!».

Una mañana el Gatito cogió su hachita y dijo:

— Voy a por leña. Y tú, hermanito, quédate calladito. Si viene la zorrita, ¡no te asomes a la ventana!

— No me asomaré — prometió el Gallito.

Apenas se fue el Gatito, bajo la ventana se oyó — ris-ras — a una zorrita rojiza. Y empezó a cantar con voz dulce:

— Gallito, hermanito, crestita colorada, asómate a la ventana, ¡te daré una guisantada!

El Gallito estaba sentado en el poyete de la estufa y no decía nada. Pero la zorrita cantó otra vez:

— Gallito, hermanito, crestita colorada, asómate a la ventana, ¡te daré una guisantada!

«Solo miro un momento a ver si son guisantes de verdad», pensó el Gallito, y sacó la cabeza. Y la zorrita, ¡zas!, se lo llevó.

— ¡Gatito, hermanito! — gritó el Gallito —. ¡Me lleva la zorra por bosques oscuros, por montañas altas! ¡Socorro!

El Gatito lo oyó, llegó corriendo — ¡zas! — y le arrebató al Gallito de las garras de la zorra.

— Ya te dije que no te asomaras — gruñó el Gatito.

— No lo haré más — suspiró el Gallito.

A la mañana siguiente pasó lo mismo. La zorrita cantaba, el Gallito escuchaba y escuchaba y no aguantó. ¡Zas, y se lo llevó! Pero el Gatito volvió a oírlo y volvió a rescatar a su hermanito.

Al tercer día el Gatito dijo:

— Hoy me voy lejos, más allá del río. Aunque me llames, no te oiré. ¡Así que no te asomes!

Se fue el Gatito. Y bajo la ventana ya estaba la zorrita:

— Gallito, hermanito, crestita colorada, asómate a la ventana, ¡te daré una guisantada!

Se asomó el Gallito. ¡Zas!, y la zorrita se lo llevó.

— ¡Gatito, hermanito! ¡Me lleva la zorra por bosques oscuros, por montañas altas! ¡Socorro!

Pero el Gatito cortaba leña lejos, al otro lado del río, y no oyó nada. La zorrita llevó al Gallito a su casita, lo metió en una cesta en un rincón y se fue a por agua.

Por la tarde volvió el Gatito: la casita estaba vacía, y en el umbral había dos plumitas rojas. ¡Ay, qué triste se puso el Gatito! Luego cogió su salterio, se echó un morral al hombro y se fue a la casita de la zorra. Se sentó bajo su ventana y empezó a tocar:

— ¡Tran-trin, salterio, cuerdas de oro! ¿Está en casa la zorrita, mi hermanita pelirroja? ¡Sal a oír cómo suena el salterio!

— ¿Quién toca tan bonito? — se asomó la zorrita.

Salió, y los pies se le fueron solos a bailar. El Gatito tocaba y se alejaba poco a poco de la casita, y la zorrita tras él, dando vueltas y barriendo con la cola. En el prado giró tanto que cayó sobre la hierba y se quedó tumbada, con la cabeza todavía dándole vueltas.

Y el Gatito, ¡zas!, a la casita. Sacó al Gallito de la cesta, lo metió en el morral y corrió a casa.

La zorrita volvió en sí, miró dentro de la casita, y la cesta estaba vacía. Así se quedó con las manos vacías. Nunca más volvió a su ventana.

Y desde entonces el Gallito, por muy dulce que cante alguien fuera, solo grita: «¡El Gatito no quiso!». Y las dos plumitas de la cola le tardaron en crecer hasta la primavera.

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Adaptado de: Cuentos populares ucranianos, 1869

Para las familias

De qué trata

El Gatito va a por leña y le pide al Gallito que no se asome a la ventana, pero la zorrita canta tan dulce que cuesta resistirse. Los pequeños aprenden su canción y gritan con el Gallito: «¡Gatito, hermanito, socorro!» La zorrita se lo lleva, así que mirad si el niño se asusta.

Qué enseña

  • Amistad
  • Valentía

Preguntas para hablar con tu peque

  • ¿Por qué se asomó el Gallito a la ventana, aunque el Gatito le había pedido que no lo hiciera?
  • ¿Cómo salvó el Gatito al Gallito la tercera vez, estando lejos?
  • ¿Qué le responderías a la zorrita si cantara bajo tu ventana?

En casa

Tocad el «salterio» —una goma elástica estirada sobre una caja, o cucharas sobre una olla— y cantad el «Tran-trin» del Gatito. Que el niño gire como la zorrita y se caiga cuando la música se acabe.

Una frase para recordar

«Gallito, hermanito, crestita colorada, asómate a la ventana, ¡te daré una guisantada!»

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